Que es

“Una danza armónica de dos personas en la cual se beneficia tanto él que da como él que recibe”. “Yoga para perezosos”. “Jugar con el cuerpo naturalmente como cuando los padres juegan con sus hijos.”

Esta forma de trabajo corporal terapéutico se desarrolló en Tailandia.Combinando presiones rítmicas sobre todo el cuerpo con estiramientos que exploran la infinita variedad de movimientos posibles, liberando las articulaciones y aflojando la musculatura, es una técnica tan original como eficiente.

Compatible con el Shiatsu, el yoga, y cualquier otro trabajo corporal, el Masaje Tradicional Tailandés o Nuad Bo-Rarn brinda la posibilidad de reencontrarse con movimientos naturales y espontáneos, codificados en una serie de maniobras que van de simple a más complejo favoreciendo tanto en el terapeuta como en el paciente un estado de relajación y alegría interna.
El “boom” del masaje tradicional tailandés en Occidente se debe a la eficiencia y la belleza de esta técnica, que brinda incontables beneficios tanto para el paciente como para el terapeuta, al nivel del cuerpo, del alma y del espíritu. Para todos los que practican yoga, Nuad Bo-Rarn tiene un atractivo especial, ya que muchas de las posturas pasivas que efectúa el cuerpo del Receptor a través de las manipulaciones del Terapeuta, son similares a las “asanas” o posturas activas del hatha yoga.
Valerie Gaillard trajo la enseñanza del Masaje Tradicional Tailandés a la Argentina, y desde 1995 muchos alumnos han asistido a sus seminarios y cursos. Estuvo en Tailandia en dos oportunidades y se especializó en Masaje Tradicional Tailandés en el Antiguo Hospital de Medicina de Chang Mai. Practicó Nuad Bo-Rarn varios años antes de empezar a enseñarlo, adquiriendo un profundo conocimiento empírico de este arte.

Enseñó primero el Masaje Tradicional Tailandés unicamente a sus alumnos que habían completado la formación de Terapeutas Shiatsu, abriendo luego la posibilidad de estudiar Nuad-Bo Rarn sin tener previamente la experiencia del Shiatsu.
Se trabaja con ropa cómoda, sin usar aceite, sobre un futón o una colchoneta colocada en el piso. Las sesiones duran entre una hora y una hora y media, presionando y elongando todo el cuerpo, empezando siempre desde los pies.

Es a la vez una forma de meditación y de celebración de la unidad del cuerpo y del espíritu.

 
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